"Una vez que te decides a formar pareja estás ahí a fin de servir a la persona que
amas, a la persona que eliges. Estás ahí para servir tu amor a tu amante, para serviros
mutuamente. En cada beso, en cada caricia, sentís que ambos estáis ahí para satisfacer a
la persona que amáis sin esperar nada a cambio. Más que de sexo, se trata de estar
juntos. El sexo también se vuelve maravilloso, pero es completamente distinto. El sexo
se convierte en una comunión; en una entrega absoluta, una danza, un arte, una
suprema expresión de la belleza."
Si fuésemos capaces de sacar a los seres humanos de la creación del universo,
ResponderEliminarveríamos que toda ella -las estrellas, la Luna, las plantas, los animales, todas las cosases
perfecta tal y como es. La vida no necesita justificaciones ni juicios; sin nosotros
sigue funcionando igualmente. Ahora bien, si incluyes a los seres humanos en la
creación, pero arrebatándoles la capacidad de juzgar, descubrirás que somos
exactamente iguales al resto de la naturaleza. Ni buenos ni malos ni tenemos razón ni
estamos equivocados: somos sencillamente como somos.
En el Sueño del Planeta, tenemos la necesidad de justificarlo todo: hacer que todo
ResponderEliminarsea bueno o malo, correcto o incorrecto, cuando, sencillamente, las cosas son como
son y punto. Los seres humanos acumulamos muchos conocimientos; aprendemos
todas esas creencias, toda esa moral y las reglas de nuestra familia, de la sociedad y de la
religión. Basamos la mayor parte de nuestra conducta y de nuestros sentimientos en
esos conocimientos. Creamos ángeles y demonios, y claro, el sexo se convierte en el
mayor demonio del infierno. El sexo es el mayor pecado de los seres humanos, cuando
el cuerpo humano está hecho para el sexo.
Biológicamente eres un ser sexual, y no hay más. Tu cuerpo es muy sabio. Toda la
inteligencia reside en los genes, en el ADN. El ADN no necesita comprender ni
justificar las cosas; sólo sabe. El problema no reside en el sexo. El problema reside en
el modo en que manipulamos el conocimiento y en nuestros juicios, cuando, en
realidad, no hay nada que justificar. A la mente le resulta muy difícil rendirse, aceptar
que es, sencillamente, como es. Tenemos toda una serie de creencias sobre lo que
debería ser el sexo, sobre cómo deberían ser las relaciones, y esas creencias están
completamente distorsionadas.